viernes, 20 de abril de 2012

Materia: Argentina Colonial. Reseña.


Jorge Gelman
Rosas Bajo Fuego. Los Franceses, Lavalle y la Rebelión de los Estancieros
1ra edición, Buenos Aires, Sudamericana 2009. 224 p., 16x23.- (Ensayo)
Resumen de la obra
Introducción
La intención del autor a lo largo del texto es describir y estudiar la constitución de un “poder simbólico” - entendido como “las técnicas, las prácticas y las ideologías en acción a los efectos de producir obediencia”- en manos de Rosas, utilizando como objeto de análisis la crisis del gobierno durante 1838-1840 que llevó a la utilización de parte del gobernador de una serie de mecanismos (que en momentos de relativa paz parecen acallados) que le permite imponer “exitosamente la autoridad del Estado y la disciplina social”. (pagina 12).
Los dos ejes en los que se mueve el análisis son por un lado la coerción y violencia, tanto física como ideológica en todas las capas sociales, y por otro la construcción de solidaridades y clientelismos a lo largo del territorio para la construcción del orden social.
Como consecuencia de las coyunturas de conflicto analizadas, se da en Buenos Aires un efecto de ilusión por parte de los sectores afectados por la política Rosista, quienes veían mermado el poder del gobernador y la posibilidad de un cambio en el poder político.
Capitulo 1: De la crisis del orden colonial al primer sistema de Rosas
En esta primera parte Gelman hace referencia a las condiciones en las cuales Rosas llega al poder y construye su base política como consecuencia del fracaso de experiencias anteriores en la construcción de este “poder simbólico” (concretamente cita la “feliz experiencia” de Buenos Aires y su posterior fracaso al querer implementarse las políticas unitarias en las demás provincias).
Uno de los factores fundamentales en el andamiaje de poder político fue la inclusión en la vida política de los sectores populares, clases subalternas, campesinos, etc. El gobernador supo ganarse la fidelidad de estos grupos a partir de un conocimiento cabal de sus necesidades y de recompensas económicas y sociales.
Por otro lado, es importante tener en cuenta para comprender la coyuntura, dos modificaciones políticas heredadas de los cambios unitarios que habían completado las reformas rivadavianas: supresión del Cabildo y constitución de una Junta de Representantes, la cual le daba voz y voto e incluía a los campesinos a la creciente vida política en la campaña bonaerense, y por otro lado la creación de Jueces de Paz y Comisarías rurales, que tendrán un rol fundamental en la rebelión de los estancieros dado que manejaban el conceso vecinal en sus jurisdicciones.
El autor se pregunta: ¿Qué herramientas utilizó Rosas inicialmente para constituir la autoridad, luego de las debacles anteriores? Esta pregunta la hará en función de haber explicado los motivos de fracaso de la “feliz experiencia” del gobierno de Martin Rodriguez (1821-1824) y la presidencia fugaz de Rivadavia quien no había logrado la unión de las provincias.
La relación con las provincias fue una de las principales tareas del gobierno con la cual Rosas ganó la adhesión de importantes caudillos como Estanislao López y Facundo Quiroga. Por otro lado, logró entablar negociaciones y ganarse la adhesión con mucho esfuerzo de los “indios amigos”, quienes fueron claves especialmente en el contexto de invasión de las insurrecciones que se iban a generar.
También con las elites logra conformar buenas relaciones, grupo del cual el formaba parte. Como consecuencia del constante empuje de la frontera con el indio gracias a su “conquista del desierto”, ampliando la campaña de Buenos Aires hacia el sur, logra empujar a una masa importante de propietarios agrícolas en este territorio. Al mismo tiempo, genera el recelo de los sectores más tradicionales de la oligarquía criolla, ubicados en el norte de la provincia, que más tarde ayudarán en cierta medida al General Lavalle en su invasión.
Este consenso le dejo a Rosas gobernar sin mayores sobresaltos hasta 1835, donde hubieron grandes cambios en el equilibro que había construido.
Capitulo 2: La crisis de 1838-1840 y la Rebelión de los Libres del Sur
El detonante de la crisis de 1838 fue el bloqueo francés en Buenos Aires que duró hasta fines de 1840. Sus consecuencias más importantes fueron claras: reducción del comercio exterior y disminución de los ingresos del Estado.
Para hacer frente a esta crisis, el gobernador decide imponer mayores gravámenes fiscales a los que más tenían, los estancieros, quienes constituían una de las piedras angulares de su legitimidad lograda por medio del clientelismo y solidaridades reciprocas. Esto genera en el sur de Buenos Aires una importante revuelta que a pesar de haber sido controlada rápidamente por el hermano de Juan Manuel – Prudencio Rosas –, es el síntoma de un sistema de gobierno con demostración de descontento que hasta ese momento no se había mostrado: el Levantamiento de los Libres del Sur.
Este levantamiento es también una oportunidad de otros sectores que estaban también descontentos e intentan derrocarlo. La más representativa es la campaña llevada por el general Lavalle que estaba exiliado en la Banda Oriental.
Los que participaron del golpe fueron algunos de los hacendados con mayor poder sobre la campaña en el sur de la Provincia, que incluso eran considerados en su conjunto como “fieles federales”. ¿Por qué son ellos los actores sociales que llevan a cabo el levantamiento?
Gelman hace alusión a los “cahier des dolences” tomados en la Revolución Francesa como cuadernos con las quejas del pueblo, en este caso como las dolencias que estaba teniendo el pueblo y eclosionan en la rebelión.
Entre las cargas impositivas que el gobierno lleva a cabo para paliar la falta de divisa generada por la disminución fuerte de las exportaciones a los grandes estancieros, encontramos la duplicación del canon que deben pagar los arrendatarios a tierras del Estado (ley de Enfiteusis de Mayo de 1838). Además, el pago de la Contribución Directa que antes se daba a partir de una declaración espontanea de los bienes, ahora se da con agentes que van a controlar lo que efectivamente habían pronunciado los propietarios.
También se denuncia el mal uso que hace el gobierno del dinero recaudado, el cual dicen era utilizado “en beneficio de sus paniagudos o del propio gobernador, descuidando sus obligaciones”. (pag. 82).
Finalmente, con la caída en las exportaciones se da la merma del trabajo asalariado que, junto con la presión al reclutamiento para la militarización, dio como resultado el descontento de las clases no propietarias.
Una vez que la rebelión es aplacada, Rosas se da cuenta que entre sus “fieles seguidores federales” no hay suficiente confianza y se ha producido un quiebre. Esto llevará a tomar acciones no solo a quienes lo habían traicionado sino también a los que se habían mantenido neutrales en el ataque.
Capitulo 3: El fin de una ilusión. La invasión de Lavalle a Buenos Aires en 1840
El título “el fin de la ilusión” con la campaña de Lavalle muestra muy bien lo que habrían de demostrar los hechos: luego de un intento de invasión a Buenos Aires de parte de Lavalle desde el norte y que pretendía tomar la capital, se derrumba esa sensación que había estado presente acerca de la incapacidad de imponer el orden social y pérdida de poder en el Estado bajo el régimen Rosista.
En verdad, la intención había sido desde un momento que tanto la Rebelión por el sur de los estancieros como el ataque de Lavalle por el norte de la provincia se den de forma simultánea. Lo que sucedió fue que le llegaron las noticias a Rosas en ambos casos, para que tomara una reacción.
Una de las ideas que tenía de éxito Lavalle era que se le unieran por un lado los franceses y por otro la Banda Oriental (los exiliados unitarios), pero ninguna de las dos situaciones se dieron.
Es importante subrayar que a medida que Lavalle va avanzando desde el norte de la campaña de Buenos Aires hasta Guardia de Lujan, en todas las ciudades “sus habitantes se mostraron poseídos del mas ardiente patriotismo” (página 135). No obstante, mientras más se acerca a Buenos Aires, se da cuenta que cerca de la ciudad no se encuentran tales ayudas y adhesiones a la causa. “Las fuerzas de Lavalle comienzan a sentir la indiferencia primero y luego la creciente hostilidad de la población” (pagina 142). En este contexto es que decide volver sobre sus pasos, pero se ve acorralado desde el norte por las fuerzas federales.
La ilusión de que el régimen de Rosas podía ser derrocado, que se había generado por el debilitamiento por el bloqueo Francés, Lavalle lo toma e intenta realizarlo pero se topa con la falta de apoyo tanto de los franceses como del resto de sus aliados unitarios. Además, Lavalle contaba con la reacción a favor de la causa de la población local que jamás sucedió. Según los seguidores de General, porque “los hacen seguir al Restaurador o más bien someterse a él por temor o conveniencia” (página 158).
Conclusiones
Luego de la crisis y para volver a instituir el orden, Rosas da cuenta que las redes de solidaridad y apoyo que había construido deben ser revisadas, sobre todo con aquellos sectores que habían participado tanto de la invasión de Lavalle como del levantamiento de los Libres del Sur. Por un lado, inicia una campaña de fuerte coacción contra los sectores de la elite, ampliando el aparato represivo del Estado. Aplicó también como instrumento de gobierno para eliminar enemigos, disciplinar disidentes, advertir a los irresolutos y también para controlar a sus propios partidarios a la Sociedad Popular Restauradora y su brazo armado -La Mazorca-.
Con la agudización del discurso rosista/federal “hasta limites casi agobiantes” (pagina 186), otra de las movidas clave tiene que ver con la destitución y el reordenamiento administrativo (especialmente con los Jueces de Paz) o depuración del sistema con personas que habían demostrado se fieles seguidores al Rosismo durante el conflicto aquí analizado. Con esto se produce una renovación del personal bastante notable. Conjuntamente modifica el mapa político de la provincia dividido hasta ese momento en 4 regiones llegando a 13 nuevas jurisdicciones.
Gelman finaliza el ensayo dejando la idea de que Rosas durante la década del `40 intenta de a poco tender un puente con el sector de la elite para amigarse con ellos y que del otro lado se dan cuenta que el régimen “algo de bueno tiene” (pagina 196).
Comentarios
El ensayo creo que apunta a la construcción del régimen Rosista tanto en términos de coacción y violencia como en base a solidaridades y clientelismos políticos con todos los sectores (elites, indígenas, clases populares y negros esclavos). No obstante, me parece que Gelman quiere dejar en claro el peso que tiene la violencia en el territorio como fundamento de la legitimidad de un Estado. En la introducción, citando a Weber entiende que “el Estado es una relación de dominio de hombres sobre hombres basada en el medio de la coacción legitima (es decir, considerada legitima). Asì pues, para que subsista es menester que los hombres dominados se sometan a la autoridad de los que dominan en cada caso” (pagina 10).
De todos modos, si bien la argumentación cierra hay algunos vacíos en puntos clave. Aunque utiliza muchas fuentes de época como cartas y relatos de primera mano, junto con investigaciones de otros colegas (como por ejemplo, da a entender el rol que tienen las clases subalternas como elementos que empiezan a funcionar con conciencia de que forman parte de un grupo social determinado), no hace demasiada referencia a lo que es la coyuntura internacional, es decir, a los motivos concretos por los cuales se da el bloqueo francés y cual es su relación con Lavalle. Tampoco hay una profundización sobre porque no llegan los franceses (ni los aliados de la Banda Oriental) a dar su apoyo.
Por otro lado, si bien los grupos o clases subalternas forman parte “conciente” del proceso revolucionario, a lo largo del texto los ubica como dependientes de los movimientos de la elite que los dominaba, es decir, como sujetos pasivos del proceso.
Lo que se entiende luego de la coyuntura aquí analizada es que el régimen de Rosas vuelve al poder gracias a la violencia exacerbada hacia los que no se declaraban como fieles a la causa federal. Rosas usó el terror como instrumento de gobierno, para eliminar enemigos, para disciplinar disidentes, para advertir a los irresolutos y, finalmente, para controlar a sus propios partidarios.
En última instancia, se le puede llegar a hacer una crítica al autor partiendo de lo que entiende por Estado. Me parece que en el caso de Rosas, la legitimación si bien estaba basada en la violencia mayoritariamente según lo muestra Gelman, no es la misma interpretación de un Estado en ese momento que ahora. La sacralización de la causa federal es más parecida a un Estado como Cuba (salvando el anacronismo) es decir, un Estado unipartidista sin ningún tipo de disidencia política. Mi pregunta entonces es en que tipo de Estado concreto está pensando Gelman cuando toma a Weber como base para su explicación.
Finalmente, me resulto muy interesante leer sobre todo la política que Rosas aplica en cuanto a la enfiteusis de duplicar el canon a los arrendatarios y de ese modo poner el peso de la falta de recursos en la tierra en ellos. Es la misma medida que nuestra presidenta tomo (entre otras y salvando las distancias) al tener problemas de caja.